SOBRE EL ÉBOLA
- 10 oct 2014
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Un periódico argentino presentaba el siguiente titular: "Ébola: España conmocionada por la inminente muerte de Excalibur" (el perro de la enfermera contagiada de esta enfermedad en Madrid).
Toda muerte debida a la negligencia de unos u otros y por lo tanto que hubiera sido evitable, incluida la de la mascota de la enfermera, es un hecho triste y criticable. Pero me imagino en estos días a los dos misioneros españoles que murieron no hace mucho víctimas del ébola. Los imagino tristes porque una de las enfermeras que les atendió en sus últimos momentos se haya contagiado; sé que están rezando e intercediendo por ella. Me los imagino también un poco perplejos, aunque un misionero esté acostumbrado a todo tipo de cosas, por ver cómo tantos corazones lloran el sacrificio de ese buen perro, sin que antes el corazón de casi ninguno de nosotros derramara una sola lágrima por los miles de hombres, mujeres y niños africanos que mueren indefensos víctimas del ébola, el hambre, las guerras, etc. Creo que Miguel y Manuel (los misioneros fallecidos) nos contemplan con el corazón un poco encogido; mientras que los miles de africanos que están junto a ellos lo hacen simplemente con ojos sorprendidos.


























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